miércoles, 3 de septiembre de 2008

¿Cómo ponerle vida a las narraciones bíblicas?



Keila Ochoa Harris explica en forma clara y práctica como darle un matiz distinto al relato bíblico. No para cambiar la historia, sino para vivirla y hacerla vivir a quienes nos escuchan. ¡Acepta el desafío y vive el gozo de compartir la Biblia con otras personas!

Todos podemos relatar una anécdota. Piensa en la última fiesta a la que asististe y cuéntaselo a la persona más cercana. Seguro que disfrutarás el momento de contarlo.

Eso es precisamente lo que debemos hacer con las historias bíblicas, no transmitirlas como hechos lejanos y ajenos a nuestras vidas, sino con la misma pasión que imprimimos a nuestros relatos. ¿Cómo? Comparto cinco sugerencias:

I) Conocerla

Para narrar una historia llena de vida, debemos conocerla bien. Si es una experiencia personal, estuvimos en el lugar y fuimos protagonistas de ella, pero en cuanto a un relato bíblico, solo contamos con una opción: conocerla a través de las Escrituras. Resulta indispensable leer el texto bíblico no una sino muchas veces, hasta hacerlo parte de nosotros. Debemos consultar varias versiones de la Biblia para facilitar nuestro estudio.

Por ejemplo, en la historia de las bodas de Caná cuando Jesús convierte el agua en vino, en la versión Reina Valera 1960 se menciona la palabra “maestresala”. Los niños no la comprenderán, ¡y quizá tampoco nosotros! En la Nueva Versión Internacional se traduce como “encargado del banquete”. Para simplificar aun mas la búsqueda, en la versión Dios habla hoy dice “encargado de la fiesta”.

Así no solo elegiremos las palabras mas sencillas para nuestros alumnos, sino que evitaremos malinterpretar algún concepto.

Utilizando el mismo ejemplo, vemos “cántaro”. Yo me imagino un jarrón para acarrear agua, pero en otras versiones se aclara que se trataba de tinajas con capacidad de hasta 100 litros. No caigamos en errores por nuestra falta de conocimiento.

II) Entenderla

Algunos niños confunden las historias bíblicas con los cuentos de hadas, porque sus padres o sus maestros no transmitimos la Biblia como lo que es: historia verídica. A diferencia de la Bella Durmiente o Pulgarcito, David existió realmente. Si cada domingo llegamos a la clase y contamos un relato fuera de su contexto y de su posición en el canon bíblico, no ayudaremos a los niños a aprender la Escritura como un documento histórico y veraz.

¿Cómo evitaremos este problema? Empezando con nosotros mismos. Hagámonos cinco preguntas:

¿Qué pasó en esta historia? (Jesús convirtió agua en vino, un milagro de la química.)

¿Qué pasó antes de que Jesús llegara a Caná? (Fue bautizado y tentado llamó a varios discípulos.)

¿Qué hizo después? (Subió a Jerusalén y corrió a los vendedores del templo.)

¿Por qué pasó ese milagro? (Porque se acabó el vino y su madre se lo comunicó.)

Según el mismo texto, ¿qué importancia tiene esta historia? (Fue el primer milagro de Jesús.)

Me parece vital que por medio de preguntas tratemos de ubicarlos en el tiempo y en el espacio. Aun mas, debemos seriar nuestras lecciones para caminar juntos a través del canon. Si un domingo estudiamos la creación y el siguiente vemos a Pablo camino a Damasco, no nos sorprenda que el niño carezca de bases para ver la Biblia como un todo.

Muchas veces hasta el maestro ignora estos datos y se equivoca.

III) Creerla

Cuando conocemos la historia (con la mente), viene el creer (con el corazón). No solo me refiero a creer en la persona de Cristo, sino creer que la historia tiene importancia. Debo rescatar lo que el pasaje me enseña a mí. Entre otras cosas se me invita a llenar mis tinajas hasta arriba, es decir, no hacer las cosas a medias, y aprendo que el Señor reserva las mejores cosas para la hora adecuada.

Para los niños solo debo escoger una lección o aplicación de cada pasaje. En este caso, ¡qué buen consejo para un pequeño sería obedecer las palabras de María: “Hagan todo lo que él les diga”!

IV) Transmitirla

Se acerca la hora de enfrentar al grupo y compartir la historia. Para esto, debemos ordenarla. Si tememos equivocarnos, apuntemos notas para recordar la secuencia de los eventos y los detalles como números y nombres que se nos dificulte memorizar.

Busquemos también ilustrarla, no solo con figuras o dibujos, sino con objetos reales como cántaros, tinajas, un velo de novia, agua, jugo de uva, todo aquello que apele a los cinco sentidos para facilitar el aprendizaje.

V) Vivirla

Inyectemos a nuestras clases bíblicas la pasión que sintieron los personajes. ¿Cómo? Cinco recomendaciones:

Diferentes voces. No me refiero a imitar los acentos chillones de las caricaturas pues eso lastimaría nuestro objetivo y no proyectaría el respeto que merece la Palabra de Dios. Mas bien hablo de los tonos e inflexiones que comunican un mensaje. Como experimento, escucha tu propia voz cuando saludas a tu mejor amigo, a alguien que no te cae bien, a alguien que te gusta. ¿Notas la diferencia? Los alumnos deben creer que María se angustió por la falta de vino y la vergüenza del anfitrión, no que están en una clase de química.

Contacto visual. Corremos un gran peligro si olvidamos el contacto visual con cada alumno. Él puede pensar que tal vez no es importante, o aprovechar la situación para la indisciplina. ¿Qué se siente cuando la otra persona no nos mira a los ojos, por lo menos de vez en cuando? Paseemos la vista por nuestro pequeño o gran auditorio, tratando de abarcar todos los ángulos posibles.

Cambio de volumen. Una voz monótona arrulla. Los cambios de volumen sirven para añadir énfasis y para indicar que algo importante o trascendental sucederá. Practica tomando una fotocopia del pasaje y subrayando con distintos colores las partes que requieran, como en la música, un tono suave, mediano o fuerte. Sea un poco dramático.

Movimiento. No se necesita de un salón grande para moverse. El maestro se pone en el centro de su espacio es suficiente si puede dar un paso adelante, otro atrás, uno a la derecha y otro a la izquierda. Si en la historia alguien viaja, demos dos pasos para mostrar acción. Si manejamos una conversación, coloquémonos a la derecha mirando hacia la izquierda cuando habla un personaje, e invirtamos la posición cuando habla el otro. Practiquemos frente al espejo. Usemos gestos, subir y bajar los brazos, abrir o cerrar los puños, girar o mantenerse estático.

Pausas. Ayudan a crear tensión o a reflejar que un momento vital se acerca en el relato. Si contamos la historia con viveza, los niños no tendrán tiempo de aburrirse o distraerse inclusive el niño que ya la ha escuchado antes, se dejará atrapar de tal modo que no se adelantará al desenlace.

No existe historia mas sublime que la de nuestro Señor Jesucristo. Oremos y con el debido honor y temblor, pidamos sabiduría para que sea Dios mismo quien a través de nuestros labios y lenguaje corporal toque los corazones. La Palabra transformará poderosamente a nuestros escuchas. No debemos aumentar, quitar o añadir de nuestra cosecha. Narremos las historias con el amor y la pasión que merecen.

Fuente: Noticiero Milamex #413 - Abril de 2005 / Fecha: 15/4/2005. Tomado de: www.letraviva.com